El episodio 4 de Dragon Ball Super: Beerus, titulado «El Dios de los Saiyajin», le da un tratamiento sólido a la tan esperada transformación de Goku en Super Saiyajin Dios, pero la reseña afirma que el remake sigue siendo una experiencia desigual después de cuatro episodios. Es mejor que el episodio 3, aunque no supone la gran mejora que fueron los dos primeros episodios, y todavía introduce cambios extraños respecto al anime original de 2015. La reseña sostiene que la versión de la Saga del Dios de la Destrucción Beerus todavía no merece verse en lugar de Dragon Ball Z: Battle of Gods.

El ritmo del episodio se describe como infinitamente mejor que el del episodio 3, e incluye varias animaciones redibujadas sólidas. Lo más destacado es una nueva imagen de Oolong enfrascado en una épica batalla de piedra, papel o tijera con Beerus, que suma a la absurda comicidad de la escena. El combate puede alargarse un poco más de lo necesario para un remake que enfatiza giros más oscuros y un ritmo rápido, pero la reseña lo considera prometedor porque no se eliminó todo el humor al estilo Toriyama. El viaje familiar de Vegeta, recortado de los primeros episodios por el ritmo, también regresa mediante un flashback. La reseña dice que este enfoque tiene más sentido en retrospectiva y transmite la faceta de Vegeta como «hombre de familia» sin dedicar medio episodio a relleno.

No todos los cambios funcionan. La reseña califica el tratamiento de la Pandilla de Pilaf como una de las decisiones más cuestionables de los primeros cuatro episodios. La mayoría de sus escenas se han recortado, pero su presencia permanece, dejando escenas que se sienten innecesarias y no aportan nada a la trama. La Pandilla de Pilaf ya no funciona como alivio cómico porque se han eliminado la mayoría de los chistes. La reseña dice que los personajes habrían estado mejor si se hubieran eliminado por completo, y que el tiempo ahorrado se habría usado para material que importaba a la visión de Toriyama para el elenco principal, como la escena de Vegeta cocinando cuya eliminación resultó polémica después del episodio 3.

La llegada de Goku a la Tierra es otro punto problemático. En el anime de 2015, la escena fue criticada porque Goku no se tomaba la situación en serio y la música de fondo juguetona hacía que lo que debía ser una entrada heroica se sintiera como un gag fuera de lugar. En el episodio 4, el criticado diálogo de Goku permanece intacto, pero la música se elimina por completo en lugar de reemplazarse con una canción más apropiada. Lo único que acompaña las bromas de Goku con Bulma es el efecto de sonido de la bola de energía de Beerus que perdura en el fondo. La reseña dice que inyectar algún tipo de emoción mediante la música, incluso la equivocada, sería preferible a no tener nada en absoluto.

A pesar de esos baches, la reseña dice que la mayor parte del episodio 4 cumple su función como remake mejorado. El espectáculo visual de la transformación de Goku en Super Saiyajin Dios es dramáticamente mejor que en el anime de 2015. Es más largo y más extendido que la versión de Battle of Gods, pero también se siente más majestuoso y divino. A diferencia del episodio anterior, que sufrió un ritmo deficiente tras reunir a duras penas contenido de cuatro episodios, el episodio 4 se apega al guion con más coherencia. Sus fallos se describen como relativamente pequeños y perdonables, y mejora suficientes aspectos del original como para considerarse mejor que el anime de 2015.

Aun así, la reseña concluye que Dragon Ball Z: Battle of Gods probablemente seguirá siendo la mejor forma de experimentar la Saga del Dios de la Destrucción Beerus cuando todo esté dicho y hecho, a menos que la acción de los próximos episodios resulte especialmente impresionante.

Fuentes: Comic Book Resources.